El amor no tiene sexo


En un episodio de la comedia televisiva Two and a half men, al escritor Charlie Harper (interpretado por Charlie Sheen) le ocurre lo imposible: se enamora. Él, nada menos, un solterón y mujeriego empedernido. La bailarina clásica que lo ha prendado le propone no mantener relaciones sexuales hasta que ambos se conozcan más profundamente y el vínculo se consolide. Eso, dice, les permitirá concentrarse en el amor. Charlie acepta pues asegura que la ama. Sólo propone una condición: que él pueda tener sexo ocasional con otras mujeres, cosa que nos los afectará porque, como insiste, la ama. Por supuesto, allí termina el vínculo, aunque no el episodio.

La situación ilustra lo que parece ser aceptado como una suerte de ley “natural”. Según la misma, los hombres están interesados en el sexo y las mujeres en el amor. ¿Tiene de veras un fundamento esta creencia? Quienes se entusiasman con los argumentos biologicistas dirán que sí. Y se basarán en que el apetito sexual de los varones es ancestralmente intenso porque de eso dependió, desde el inicio, la reproducción y conservación de la especie. Las mujeres, según esta óptica, necesitarían más de la protección y del cariño, puesto que al ser prolongado el embarazo humano, ellas pasan un largo tiempo limitadas desde el punto de vista físico y necesitan de un compañero que permanezca junto a ellas y les de seguridad. A esto se sumaría que los hombres tienen un hipotálamo (zona del cerebro en la que se origina el deseo sexual) más grande que el de las mujeres y, además, producen un 20 por ciento más de testosterona (hormona del impulso sexual entre otras funciones) que ellas.

Con estos argumentos ya podrían todos los hombres salir tras los pasos de Charlie Harper y esgrimir como excusa el determinismo biológico.

Pero, puesto que los humanos hemos evolucionado y no somos ya aquellas criaturas primitivas (no tan primitivas, al menos), ¿no tendrán la cultura y sus mandatos algo que ver en todo esto? Esos mandatos crean modelos de comportamiento y se enraízan con tal profundidad que acaban pareciéndose a leyes naturales, pero no lo son. Los así llamados patrones de género (los que indican cómo deben comportarse socialmente varones y mujeres para encuadrar en lo considerado masculino y femenino) dicen que se es más hombre cuanta más potencia sexual se demuestra, cuantas más mujeres se conquistan. Aunque adaptado a estos tiempos más laxos, el mandato aún predomina fuertemente. En contraste, una mujer será más femenina cuanta más entrega, compromiso y apasionamiento demuestre en el amor.

No parece fácil que hombres y mujeres podamos encontrarnos y profundizar nuestros vínculos bajo éstas premisas. Son mandatos que nos impulsan en direcciones opuestas. Cosa que no suele ocurrir con lo que proviene de la Naturaleza. En la Naturaleza los opuestos se complementan y armonizan con gracia y, valga la redundancia, “naturalidad”. En la sociedad varones y mujeres solemos bailar con músicas diferentes. Así, para obtener sexo, los hombres suelen hacer como que se enamoran. Y, para obtener amor, las mujeres suelen adoptar conductas sexuales que quizá exceden su propio deseo. Y, paradójicamente, unos tienen prohibido el sentimiento para responder a su mandato, y las otras tienen “prohibido” el deseo si no lo acompañan de “enamoramiento”. Ellos huyen del compromiso, ellas suelen crearse (y creerse) historias de amor en donde no las hay.

En verdad, tanto el amor como la sexualidad son componentes de nuestra esencia humana. No son propiedad de un sexo o del otro. Los hombres aman y las mujeres desean, sólo que, debido a los mandatos culturales, han visto dificultadas la vivencia y la expresión de estas emociones. Juntos, en la creación de un vínculo, cada uno puede ayudar al otro a conectarse con aquello que, desde la educación, los mensajes sociales de diverso tipo y la propia experiencia, les ha sido menos autorizado o facilitado. La base biológica existe, pero es eso, una base. Sobre ella, trascendiéndola, construimos nuestra humanidad, creamos el amor, vivimos el sexo de un modo que va más allá de la mera genitalidad y acumulación. Este es un maravilloso desafío que se nos presenta a los unos y a las otras.


Comentarios

Hay 2 comentarios en este artículo

  • Mercedes Lopez

    Por Mercedes Lopez

    Creo que hay de todo, hombres que buscan presas de un instante y que la mujer quizas tambien este mas alineada en este camino aunque no me gusta etiquetar de una manera tan determinante al hombre como siempre un buscador del placer por el placer mismo.aun cuando entiendo que lo cultural marque tendencia....y asi se empiezan a establecer este tipo de conductas a repetcion, lo que si puedo decir es que he visto hombres llorar de manera desconsolada por amor y deprimirse por amor,... Creo que esta en la sensibilidad de cada uno y en lo que a cada instante quiero o necesito incorporar a mi vida. Tambien. nada mas enriquecedor "como ir juntos a la par....como dice la cancion..." incluyendo lo que cada uno es desde el deseo y las afinidades diferencias que acercan al encuentro de la pareja y que mientras mas validemos este tipo de conductas tan marcadas y determinates como parte de uno u otro entonces si nos convertiremos en islas.....quizas sin siquiera saber porque lo hacemos....muy buena la reflexion sobre los vinculos que nos acercas que terminan tambien por atemorizar a hombres y mujeres...gracias!!.

  • Luis

    Por Luis

    ''Esos mandatos crean modelos de comportamiento y se enraízan con tal profundidad que acaban pareciéndose a leyes naturales, pero no lo son. Los así llamados patrones de género (los que indican cómo deben comportarse socialmente varones y mujeres para encuadrar en lo considerado masculino y femenino) dicen que se es más hombre cuanta más potencia sexual se demuestra, cuantas más mujeres se conquistan. Aunque adaptado a estos tiempos más laxos, el mandato aún predomina fuertemente. En contraste, una mujer será más femenina cuanta más entrega, compromiso y apasionamiento demuestre en el amor. No parece fácil que hombres y mujeres podamos encontrarnos y profundizar nuestros vínculos bajo éstas premisas. Son mandatos que nos impulsan en direcciones opuestas. Cosa que no suele ocurrir con lo que proviene de la Naturaleza. En la Naturaleza los opuestos se complementan y armonizan con gracia y, valga la redundancia, “naturalidad”. En la sociedad varones y mujeres solemos bailar con músicas diferentes. Así, para obtener sexo, los hombres suelen hacer como que se enamoran'' Me encanto esos parrafos amigo, muy buen análisis del determinismo biológico con que muchos de nosotros hemos sido educados, entrealidad, fuera de los mandatos culturales pienso que tanto el hombre como la mujer tienen las mismas necesidades sólo que la cultura se encarga de hacernos reprimir a nosotros la semociones y aellas la sexualidad, esto debería de disminuir porque ya estamos en plenos siglo XXI y, como dices, no somos los primates acenstrales que se guiaban exclusivamente por el instito yo he conocido muchos tipos que usan esos argumentos biologicistas para justificar la infidelidad y hasta me da risa, porque como varón que soy, sé que somos más que simples organismos sexuados. Saludos.

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