La memoria, la historia y el olvido


A pesar de que no se consideraba filósofo (según él carecía de un pensamiento sistemático, y prefería verse como “comentarista”), supo bucear con profundidad y lucidez en temas álgidos del acontecer humano. Tzvetan Todorov (búlgaro, nacionalizado francés, fallecido el 7 de febrero último, a los 77 años), era un humanista de ley, además de lingüista y semiólogo. Y trazó una necesaria distinción entre memoria e historia y entre memoria y olvido. Lo hizo en libros como Los abusos de la memoria y La memoria, ¿un remedio contra el mal?, entre otros de su rica y loable producción. Decía que memoria y olvido no se oponen, puesto que el segundo es parte de la primera. La memoria es olvido. En tanto individuos y en tanto sociedades no almacenamos de manera literal todos los acontecimientos de nuestra vida. Los editamos. El olvido nos ayuda a conformar versiones sobre lo que ocurrió (o nos ocurrió).

“Hay una selección y una jerarquización; hacemos una construcción mental. Olvidamos por necesidad, si no sería imposible: seríamos un internet, un Funes el memorioso. Sin olvido no hay memoria. La memoria es el pasado filtrado y reconstruido”. Esto opinaba Todorov. Sabemos qué le ocurrió a Ireneo Funes, el personaje que Borges recogió en Funes el memorioso. Al recuperar la conciencia luego de un accidente, empezó a recordar hasta el último detalle de cada hecho, aunque no podía comprender ni sintetizar. No concebía la palabra perro como algo genérico. Su memoria lo enfrentaba a todos los perros que había visto, al lugar y la hora en que lo había hecho. Y así con todo. Funes murió a los 21 años, aislado del mundo porque el alud de información que recibía y no procesaba le impedía la convivencia, y su prodigiosa memoria no lo hizo feliz, al contrario.

Justamente porque la memoria es una edición del pasado hay que ser cuidadoso al invocarla como fuente, como prueba irrefutable. Aunque hayamos vivido los mismos hechos, no todos los evocamos igual. ¿Dónde está entonces la verdad de lo acontecido, si es que la hay? En la historia, respondía Todorov. Nunca se puede contar los hechos tal como fueron, pero la historia, cuando es honesta y no manipulada, acepta las subjetividades que se asoman a esos hechos y los articula respetando la diversidad. En palabras de Todorov (entrevistado por la revista mexicana Letras Libres), “la historia no es objetiva, porque la actividad humana no puede reducirse a la objetividad, pero sí intersubjetiva: tiene en cuenta la pluralidad de puntos de vista”.

El pasado es siempre un relato que se hace desde el presente. Se podría decir: dime cómo es tu presente y te diré cómo cuentas tu pasado. Así, hechos que nos hicieron llorar cuando ocurrieron pueden a veces relatarse entre risas o sonrisas. O podemos perdonar lo que en su momento sentimos como agravio y hoy vemos como equivocación. Debido a que la memoria edita, la vida puede seguir, hay vínculos que pueden repararse, hay proyectos que se retoman, hay heridas que cicatrizan (también la piel tiene memoria, la herida cierra y la marca queda, pero no infecta al organismo hasta matarlo). Ocurre en las parejas, en las familias, en las instituciones, en las comunidades, en los países. Claro que para que sea así es preciso un ejercicio de humildad. No poner a la memoria propia como cartabón de la realidad. Respetar la de otros como pedimos que se respete la nuestra. No mentir sobre lo sucedido ni negarlo. “Para mí la historia debe ser el cuadro global y la memoria debe estar dentro para alumbrarla de cerca”, proponía Todorov. La madurez de una persona o de una sociedad se consagra cuando memoria e historia pueden convivir para que el pasado no sea un ancla que impida navegar. Lewis Carroll (el autor de Alicia en el país de las maravillas) consideraba muy pobre a la memoria que solo podía mirar hacia atrás.


Comentarios

Hay 0 comentarios en este artículo

Deja tu comentario

Tu dirección de email no será publicada. Todos los campos son requeridos. Si queres que aparezca tu imagen, registrate en gravatar con el mismo mail que usas acá.